Las aperturas nunca son fáciles. Nunca salen como lo esperamos, siempre el imprevisto está, como en todo. A veces para bien, a veces para mal. Por eso, me parece entonces mejor no preocuparse tanto por cómo va a ser, qué va a pasar, sino pensar qué va a cerrarse... para poder abrirse. Salvo que puedan cerrarse y abrirse al mismo tiempo, las contradicciones nunca faltan en el terreno de lo humano. Lo que se cierra y lo que se abre: en qué consiste cada una de las dos, no lo sé. Pero quizás no se trate de saber, tampoco. Sino simplemente de hacerlo. Así arranqué y arranco este blog, abriéndolo de una vez, porque hace rato que tenía ganas de hacerlo. Sobre qué escribiré, cómo, para qué y para quien son preguntas que se irán respondiendo (o no) por sí solas. Lo único que me importa ahora, es hacer el recorrido, como dice un amigo.